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Bisturí o terapia psicológica: abordaje de la insatisfacción corporal

15 Feb 2015

  En nuestra sociedad, tan consciente de la apariencia, se nos enseña que si queremos sentirnos mejor con nuestro aspecto, deberíamos perder peso, hacer ejercicio, sufrir cirugía plástica, etc. En otras palabras, deberíamos reducir o eliminar tal o cual defecto físico.

 

 

  Una gran cantidad de literatura ha verificado que el grado objetivo de atractivo físico puede influir en las experiencias psicosociales; sin embargo, es la percepción que uno tiene de sí mismo lo que conlleva implicaciones más importantes en la salud mental.

 

  ¿Pero qué entendemos por imagen corporal? …

 

  Vamos a delimitar primero qué no es imagen corporal:

  • Aquello que ven los demás de nosotros

  • En lo que se interviene con bisturí

  • Sólo lo que pensamos y sentimos de nuestro cuerpo

  • Sólo cómo nos comportamos por nuestro cuerpo

  La imagen corporal es la integración de estos tres componentes:

  1. Cómo percibo mi propio cuerpo: hasta qué punto lo percibo con exactitud o si por el contrario tengo una percepción distorsionada.

  2. Satisfacción con mi propia apariencia e importancia que le damos a la misma. Este componente se pone de relieve en los pensamientos y el lenguaje positivo o negativo que tenemos sobre el cuerpo o alguna parte de él.

  3. Conductas que pongo en marcha en torno al cuerpo, como por ejemplo, pedir opinión sobre alguna parte de mi cuerpo; evitar mirarme en el espejo; retocar constantemente alguna; etc.

  La imagen corporal es un constructo psicológico y debido a que es subjetivo puede ser sorprendentemente independiente de la apariencia real. Es tentador pensar que la persona que padece algún defecto real puede tener una mayor justificación para sentirse molesta y por tanto, su grado de distorsión es menor, ya que no distorsiona su apariencia. Pero la realidad es que la distorsión perceptiva de la apariencia es sólo una faceta de la imagen corporal perturbada. Las personas con problemas respecto a su imagen corporal pueden manifestar alteraciones en los otros componentes, es decir, cómo se siente con su propio cuerpo y las conductas que pone en marcha en torno a él, independientemente del aspecto real. Es decir, los problemas relacionados con la imagen corporal radican en que la persona está preocupada y angustiada, no en la pequeñez o evidencia del defecto físico.

 

  Dentro de los trastornos relacionados con la imagen corporal se encuentra el trastorno dismórfico corporal. Se trata de un trastorno en el que el síntoma principal es la preocupación por uno o más defectos o imperfecciones que no son observables o parecen sin importancia a otras personas. Como consecuencia de dicha preocupación, la persona realiza comportamientos repetitivos en torno a ese defecto percibido, por ejemplo, la persona pasa horas comprobando su “defecto” ante el espejo; se maquilla compulsivamente o por el contrario, evita verse reflejado en cualquier superficie reflectante. Los comportamientos de comprobación y de aseo se ejecutan para disminuir la ansiedad producida por el defecto, pero a menudo provocan el resultado contrario. En casos como el descrito, la dieta, los remedios naturales o la insistencia sobre que uno no tiene tal defecto, son “tratamientos” totalmente desaconsejados e ineficaces.

 

 

  El tratamiento cognitivo conductual es un abordaje eficaz en estos casos. Requiere determinar los pensamientos y las conductas que están manteniendo  el problema de imagen corporal e interfiriendo en el funcionamiento de la persona, así como encontrar caminos para cambiar dichos problemas. Este tipo de abordaje también comprende el uso del entrenamiento en relajación y de la técnica de exposición a la contemplación del propio cuerpo recurriendo a un lenguaje neutral, para ayudar a la persona a distanciarse de los pensamientos críticos hacia sí mismo, y poniendo límite a conductas o rituales que implican ocultar el defecto a los demás.

 

  En definitiva, se trata de comprender que la satisfacción con nuestro cuerpo no radica en su aspecto en sí, sino que va más allá y se esconde entre las palabras y pensamientos que me digo y se deja ver en las conductas que le dedico: en cómo me trato y me cuido.

 

 

 

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