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El apego, construyendo seguridad y valia

15 Dec 2014

Apego es una palabra bastante común en nuestro vocabulario habitual. Todos entendemos bien qué quiere transmitirnos alguien cuando nos dice que tiene mucho apego por algo, nos hacemos a la idea de lo importante que es eso para esa persona. Y también tenemos claro que el apego no sólo se siente por las cosas materiales, sino que también es un vínculo que se crea y se siente hacia las personas; e incluso hacemos referencia a esta palabra para referirnos al cariño o sensación de pertenencia que alguien pudiera tener por un lugar geográfico. Pero sin duda alguna, es J. Bowlby (1907-1990), el autor de la teoría del apego, quien mejor formula una definición concreta y sencilla de lo que es: la tendencia que mostramos los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas. Primero con los cuidadores principales y posteriormente con otras personas significativas en la vida. Además, este mismo autor pone de relieve la relación del apego con una amplia variedad de problemas emocionales y de personalidad, lo que nos da pistas del papel tan importante que juega.

 

Bowlby defiende incluso que la tendencia del niño a formar un vínculo fuerte con sus cuidadores se remonta a nuestros orígenes más primitivos, y su función es la supervivencia de la especie. Y es que, la respuesta sensible que ofrezcan los padres (a través de la identificación, interpretación y emisión de respuestas adecuadas a las señales de su bebé) se va a traducir en una estructura mental en el propio niño que va a ejercer una gran influencia en su idea de los demás, de las relaciones con los demás y de sí mismo. Por supuesto, estas “guías mentales” también acabarán influyendo decisivamente en lo que irá siendo su personalidad y el nivel de patología o normalidad de ésta.

 

Tras el estudio de las relaciones de apego se ha llegado a clasificar de forma general dos categorías de apego: seguro e inseguro. Los niños que han experimentado un adecuado cuidado parental, que se han sentido protegidos, entendidos y respetados, tienden a desarrollar un apego seguro. Por el contrario, los niños que han experimentado diversas formas de abandono, rechazo o cuidado inconsistente, generarán probablemente un apego inseguro.

 

Conociendo ya la importancia que tiene el apego en áreas tan importantes como la autoestima, la personalidad y las relaciones interpersonales, tomemos nota de cuáles son los aspectos del contexto familiar que contribuyen de una manera determinante en la generación de un apego seguro:

 

  • Ausencia de violencia en la familia.

  • El ejercicio de una autoridad positiva, constructiva y respetuosa por parte de los padres.

  • Una relación sana y de apoyo entre los padres.

  • Aceptación por parte de los hermanos.

  • Atención y respeto de las necesidades del niño a través de la aceptación y resolución de sus demandas de apoyo y comprensión.

  • Soporte emocional y validación de los sentimientos y opiniones del niño.

  • Consistencia, mensajes claros sin ambivalencias.

  • Comentarios alentadores y de confianza.

  • Muestras de interés por el niño.

  • Respeto por sus iniciativas.

 

Un niño que crece en un entorno familiar en el que se presentan estas respuestas, va a sentir que es una persona válida, con seguridad en sí mismo, en sus emociones y en sus opiniones. Va a ser capaz de estar distanciado de sus padres porque sentirá que igualmente están ahí y esto le proporcionará confianza para explorar y conocer el entorno por sí mismo. Experimentará menos respuestas de ansiedad y podrá desarrollar un notable sentido de confianza y seguridad en sus relaciones en general.

 

En la medida que estas respuestas o actitudes no estén presentes en el repertorio de los padres a la hora de relacionarse con su hijo, será más difícil generar un apego seguro en el niño. Y es más, si no sólo se trata de carencias, sino que además están presentes conductas tan negativas como el maltrato, la negligencia o la falta absoluta de sustento emocional, son muchas las probabilidades de que el niño desarrolle un apego de tipo inseguro. En este caso, el niño mostrará probablemente angustia ante la separación de sus padres y por tanto, más dificultades para explorar su entorno porque va a sentirse temeroso. Y el sentido de confianza en los demás será más variable y frágil. Nada de esto ayudará al niño a granjearse un adecuado sentido de valía.

 

Por otro lado, una cuestión que también es importante señalar es  la que tiene que ver con la transmisión de padres a hijos de modelos de apego perturbados. Con frecuencia se encuentra que los padres de los niños que muestran apego inseguro también tienen historias de relaciones de apego ansioso. ¿Qué podemos hacer para anular esta herencia tan nociva? Parece que el elemento clave está en revisar las propias “guías mentales” de relaciones de apego y trabajar por recordar las vivencias infantiles, principalmente las que tienen que ver con los cuidadores. Este repaso obligado por la propia biografía podrá traer a la memoria el sufrimiento de la infancia, que tendrá poder disuasorio en contra de la repetición de pautas inadecuadas en la crianza de los hijos. Una mirada al pasado para construir un futuro mejor.

 

 

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